Hay días en los que ves una lata llena de pinceles usados y te escribís un poema.
Hay días en los que contando las baldosas hacés suspirar.
Y hay días que viendo la intensidad del mar, no se te ocurre nada más que observar, llenarte de azul, quedarte hipnotizado por el baile de las olas, cerrar los ojos y sentir el perfume de la sal, escuchar el son del agua que segura se mueve, tener la certeza de que formás parte de eso... y la dulce esperanza de que algún día todos terminaremos entendiendolo, te envuelve.
martes, 24 de agosto de 2010
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