miércoles, 19 de mayo de 2010

El castigo

Me veo envuelto en una nube anaranjada que ejerce una extraña presión sobre mí. En el momento en que pienso que mi cuerpo va a explotar, toco con las puntas de mis pies el suelo.
Cuando puedo abrir los ojos del todo, me encuentro sobre una colina de un tono violeta que nunca antes he podido apreciar, es maravilloso, simplemente eso. A mi alrededor se extiende una vasta llanura de colores inéditos, es algo inexplicable. Los colores estan presentes en todo, y no se limitan a una sola forma, a un solo objeto, están en todos lados.
Dejo caer mis párpados para poder descansar de tanta belleza, pero cuando los abro ya no estoy en el mismo lugar. Me encuentro en algo así como un centro urbano, donde plateadas personas se mueven incesablemente de un lugar a otro. Hay un murmullo de fondo que me molesta, que va creciendo cada vez más y más. Es un ruido intenso, molesto, no es natural, es algo mecánico, insoportable.
Soy consciente de un fuerte dolor en mi cabeza, pero no puedo moverme de este sitio. Intento recordar por qué estoy acá, pero los rostros inexpresivos me rodean y no puedo pensar ni sentir nada más. De repente todo lo que veo es blanco, ni siquiera puedo evocar los colores. Lo único que puedo recordar es que odié todo lo que tuve, todo lo que cualquier necesitado hubiera amado con todo su ser. No supe apreciar la belleza de mi lugar, y por eso me enviaron a este lugar.

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